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        Revista de análisis Político y Cultural de El Salvador y Latinoamérica Diciembre 11, 2017     
 
 
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El Salvador y los cantos de
La Modernización Mundial

Antonio Saracay. Sociólogo, especialidad en Política y Desarrollo Regional, graduado de Université du Québec, Canadá.

 
 

Para comenzar es necesario que comprendamos que nuestras sociedades se encuentran en un momento que podemos determinar como un pasaje a la modernización social, política y económica que ha sido generado por el aumento acelerado del desarrollo de la tecnología. Podemos decir que, este es un movimiento que conlleva intrínsecamente el deseo de acercarnos y parecernos al camino que han seguido los países industrializados; deseo totalmente normal, ya que toda sociedad ansia alcanzar ese ideal de modernismo como un efecto mimético; pero esto ha generado efectos nefastos para nuestras sociedades en vías de desarrollo.

 En otras palabras, nos encontramos en un túnel sin retorno a nivel mundial, el desarrollo está marcado por las sociedades industrializadas como un darwinismo social. Para estos países,  nuestras sociedades deben pasar por todas las etapas por las cuales ellas ya pasaron. Basados en esta forma de pensamiento, los proyectos destinados o los planes de desarrollo que son implementados en nuestro país.

 Es evidente que los países industrializados no nos dán esta alternativa de desarrollo por el solo hecho de que somos subdesarrollados, es imprescindible darnos cuenta que ellos consideran que nosotros no podemos salir por nuestros propios medios de este subdesarrollo. En este sentido, la ayuda recibida se convierte en una acción moral. Así pues, ellos consideran que la mejor forma de ayudarnos es acelerando las etapas por las cuales debemos pasar hasta encontrarnos en un nivel económico similar al de ellos. Esta realidad de la ayuda económica que aportan dichos países y que se traducen en proyectos de desarrollo que destruyen valores y formas culturales.

En este sentido es necesario decir que los proyectos que recibimos e implantamos, tienen grandes e importantes repercusiones en la destrucción de los valores y de las formas culturales. Pero por el contrario, para las culturas de Occidente no tienen la mínima importancia; ya que, su filosofía se basa sobre el hecho que,  uno de los factores de atraso hacia la modernización, para nuestras sociedades, es la tradición la cuál esta intrínsecamente arraigada en nuestra cultura; ante sus ojos,  nosotros estamos en un atraso primeramente cultural y luego económico.

Es así, y basándonos en lo anteriormente dicho, que podemos comprender uno de los objetivos de la mundialización; el cual es de todo uniformizar, desear que todos los mercados económicos jueguen con las mismas reglas del juego, y que el libre mercado reine en todos los países, para dar rienda suelta al liberalismo económico, Así mismo, que todos los países se conviertan, ya no en prestatarios de la ayuda internacional, sino, que por el contrario, sean competidores con las mismas ventajas en la nueva división social mundial del trabajo.

Después de lo anteriormente explicado, podemos comprender porque los países industrializados atravez del mercado internacional, consideran como una necesidad creciente; el poner en práctica nuestras ventajas competitivas, las cuales serian puestas a disposición del mercado internacional y entrarían en el juego económico como competidores, con iguales oportunidades que ellos. Desgraciadamente, nosotros no contamos con capital propio, sino que cargamos sobre nuestros hombros una deuda externa gigantesca.

Es necesario recordar que como prerequisito indispensable para entrar en un juego económico justo, es necesario homogenizar las economías de los participantes en este mercado internacional, y aquí nos encontramos con un problema fundamental ya que el espíritu de este comercio internacional es la especialización de nuestras economías.

 Entonces en consecuencia de esta  visión paradoxal occidental de modernizarnos atravez de la industrialización, que es uno de los factores principales de nuestra deuda externa, y paralelamente al intentar una homogenización económica, para competir internacionalmente en el mercado, nos volvemos más y más dependientes. Es así que cavamos, en esa búsqueda de desarrollo, un abismo de desigualdades entre los países desarrollados y sub-desarrollados.

En resarcimiento, El Salvador cuenta con un nuevo gobierno, que tiene una visión distinta de ésta ruta por la que habían arrastrado durante más dos décadas los gobiernos de derecha, a la vez consientes estamos de que un período ya termino y que no ha sido suficiente para revertir esta visión de modernismo occidental, pero que el futuro está en manos del pueblo salvadoreño, esperemos que el nuevo modelo, político, económico y social del FMLN marque la pauta; para que El Salvador se convierta en ese faro de esperanza, no solo de nuestra patria salvadoreña, sino que latinoamericana.


1o de junio de 2014
 
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